Álvaro Lizano Porras
De repente este dolor me ha tomado por las manos
como el oscuro filo de una reverberante espada,
que con su rencor mi piel penetraba
y con la tristeza mi alma destrozaba.
La angustia en la noche atracaba.
Sólo el viento por mi silencio se subía.
En su boca sólo mi corazón de cuchillos huía.
De repente este dolor me ha tomado por las manos
como el oscuro filo de una reverberante espada,
que con su rencor mi piel penetraba
y con la tristeza mi alma destrozaba.
La angustia en la noche atracaba.
Sólo el viento por mi silencio se subía.
En su boca sólo mi corazón de cuchillos huía.
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